-Debería saber que tengo poca paciencia para la gente como usted- inquirió aquel hombre mientras se sentaba en una silla sin adornos de metal.
-No me haga reír, no me gusta en absoluuuuto la gente que va… de poli malo- comentó risueño el otro hombre que se encontraba esposado y sentado en el otro extremo de la pequeña mesa de aluminio- mire, comisario, esto… usted no tiene pruebas, yo no confesaré nada que no haya hecho, quíteme las esposas, tengo esto… una cita importante- Una mueca a modo de sonrisa macabra se dibujó en la cara desfigurada de aquel hombre.
El hombre esposado vestía un elegante traje negro, con una camisa blanca y una corbata verde, era elegante, de no ser por su cara… Toda su cara estaba pintada de blanco, en sus mejillas dos grandes cortes rezumaban pus y sangre negruzca y reseca, sus ojos estaban rodeados de pintura negra, sus labios estaban pintados con algo que parecía sangre y su pelo era una maraña de rastas negras y verdes. En la frente dos cortes que no sanaban nunca daban forma a una cruz cristiana. La sangre de los cortes de frente y mejillas se mezclaban con su pintura dando a su cara el aspecto más macabro imaginable por un ser humano.
-¿Cual es su nombre?
-¡Yo… no tengo… noooombre! Jajajajajajajajajajajajjaja- aquel monstruo parecía disfrutar haciéndose el loco.
-Está bien, señor… Santo- comentó el comisario mientras se quitaba la chaqueta de su traje y la colgaba en el respaldo de su propia silla.
-Oh, gracias, que dios sea con usted- dijo aquel engendro sonriendo al comisario sinceramente- lo necesitará.
-¿Me está amenazando…?
Pero el comisario no terminó la frase. La puerta de la sala de interrogatorios se abrió de golpe y dos agentes, con la cara pintada del mismo modo que el Santo, entraron en la estancia. Llevaban los uniformes manchados de salpicaduras de sangre. Uno de ellos llevaba en su mano izquierda un machete ensangrentado y en la otra, al igual que el otro agente, un revolver que apuntaba a la cabeza del comisario.
-No…. No no no no no- Dijo el Santo levantándose de su silla. El comisario estaba paralizado- no le estaba amenazando en absoluuuuuuto. Le estaba deseando que dios esté con usted. Si hubiese sido más cortés no tendría que recurrir a ésto- El Santo se quitó las esposas como si de un mago se tratara, desenfundó la pistola del paralizado comisario y descargó dos disparos sobre la cabeza del rechoncho defensor de la ley.
-¿Qué hacemos con los que no están muertos el todo Santo?- preguntó sonriendo uno de los agentes. Pronto sus sesos decoraban la pared donde se encontraba la puerta entreabierta gracias a otro disparo del macabro hombre escapista.
-Os dije que los matarais a todos… ¡oye! Dijo girándose de pronto hacia el otro agente, el que llevaba el machete en la mano- ¡tú! Sí, sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí, TÚ, dejame un momento tu pistola.
-S… si jefe.. tenga…- el último agente tembló cuando su mano soltó el revolver entregándoselo completamente al Santo.
-No debiste temblar- dijo el santo con una sonrisa de oreja a oreja, lo que generó que sus cortes rezumaran aún más pus y sangre.
El tambor del revolver quedó sin balas, ahora estaban todas en el cuerpo del segundo agente.
-Volvamos a nuestros quehaceres- dijo el Santo mientras salía de la comisaría bailando y dando saltitos como los niños cuando juegan en el patio del colegio.
coño, esto si que si, y no mariconadas en versos, buah 2 ostias XD
ResponderEliminarPues espera a que empiece con las otras partes que te van a gustar mucho más.
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