martes, 30 de agosto de 2011

¡TÚ!


¡TÚ!

¿Qué diablos pretendes?
¿Qué inefables pensamientos te recorren?

Si por mi alma agitada fuera,
si de mi mal interior dependiera…

NADA
no mereces nada, ni un padre que llore en tu tumba
ni una tumba que aguarde tu lecho,
ni un lecho con nadie a tu lado,
ni un lado en el que alguien espera.

Que Cupido lance una flecha negra,
que el sol se apague ante tus ojos,
que quedes ciego, sordo y mudo
en corazón y alma, en alma y corazón

Espero, y ante los más altos deseos se interpone que:
el mayor de los dolores, el peor de los males,
el mejor de los castigos, y el menor de los dones,
se te consagre, de por vida,
y que lo arrastres como aquel lastre,
de aquel que murió para ella en este día.

lunes, 29 de agosto de 2011

Amado enemigo


Mi amado enemigo,
me gustaría hoy hablar contigo.
Me gustaría poder decirte al oído
lo que he entendido…

Y he entendido, que estamos unidos,
predestinados,
atados por una cadena invisible
que nos unirá durante el resto de nuestra corta eternidad.

Tú me ofreces locuras,
yo intento imponer mi cordura ante tales aciagos presagios
pero no puedo,
me quemo,
me hielo…

Muero.

Muero en vilo, con los surcos de tu destino predestinado,
con cada palabra pseudodicha que en mí causa desdicha
que causa pavor y terror, terror y dolor,
dolor e inspiración, inspiras cuando dueles.

Mas…

¿Quién querría semejante inspiración?
semejante dolor inaguantable en el pecho con trazos rojos de ira,
con ira roja de sangre, con sangre de mi sangre que corre por tus venas
y tu corazón late a mi par.

¿Quién querría?
¿Quién quiere?

Nadie más que tú, mi amado enemigo.

Haces amargas las victorias,
haces de corazón tripas,
haces milagros pecados
y pecados de lo que son bendiciones.

El mayor don y la mayor tortura,
si, mi amado enemigo,
es vivir en esta vida atados
por cadenas Efésticas incapaces de ser quebradas.

Ni un llanto, ni una lágrima, porque tantas se derramaron…
que ni por un segundo los mios padres pensaron
que a mi enemigo, para conocerlo,
tan solo hay que mirar mi otro lado.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Con eso me Sobra


Con eso me sobra.
Con una sonrisa, una caricia, una mirada ilusionada,
o, una carcajada sincera, una mirada de odio, un silencio.
Con eso me sobra.
no pido mucho más, no pido nada en especial,
tan solo, que la ilusión de una niña llene mi corazón
un corazón sensiblero, un corazón oxidado y con ganas de sentir
con ganas de amar, me sobra tan solo con un corazón que ama.
Con eso m sobra, porque no pido más,
no pido que se me alabe ni que se me eche por tierra,
no pido que se me escuche, sino que se me lea,
no pido nada que no sea capaz de darme el más simple ser,
no pido más, con eso me sobra

Me sobra ver en tu rostro una sonrisa ligera,
porque con eso es suficiente para q mi sonrisa irrade más luz que el sol,
me sobra con eso para que una lágrima se dibuje en mi rostro, me sobra
No pido mas porque...
Con eso me sobra.

Para ese pequeño duende de la inspiración


Sí, mi sueño de una noche de verano,
una noche con luces en el cielo y con luces en tus adentros,
un simple sueño, pero que empieza como un comentario,
un comentario que empieza con larga historia,
una historia que empieza con una corta vida.

Y ella te habla…

Te dice que si, que lo hagas, que sueñes y que duermas,
que su emoción es la tuya y la tuya es la de ellos,
y entonces se enciende esa pequeña pasión
esa pequeña lujuria del poeta,
esa pequeña chispa que prende fuego a las brasas de años apagados.

Entonces empiezas a arder.
Ella te ofrece más leña para que tu fuego no se apague,
y como el fuego ya cruje, emitiendo bonitos destellos de oro en tus dedos afilados,
no sabes decir que no, dices que sí,
y es ese sí el que hace que te embriagues de fuego,
que te consumas por dentro y que crezcas, que resurjas como un fénix,

Ese fuego, hace que Sueñes….

jueves, 18 de agosto de 2011

Crónicas de El Santo Vol.1


-Debería saber que tengo poca paciencia para la gente como usted- inquirió aquel hombre mientras se sentaba en una silla sin adornos de metal.
-No me haga reír, no me gusta en absoluuuuto la gente que va… de poli malo- comentó risueño el otro hombre que se encontraba esposado y sentado en el otro extremo de la pequeña mesa de aluminio- mire, comisario, esto… usted no tiene pruebas, yo no confesaré nada que no haya hecho, quíteme las esposas, tengo esto… una cita importante- Una mueca a modo de sonrisa macabra se dibujó en la cara desfigurada de aquel hombre.
El hombre esposado vestía un elegante traje negro, con una camisa blanca y una corbata verde, era elegante, de no ser por su cara… Toda su cara estaba pintada de blanco, en sus mejillas dos grandes cortes rezumaban pus y sangre negruzca y reseca, sus ojos estaban rodeados de pintura negra, sus labios estaban pintados con algo que parecía sangre y su pelo era una maraña de rastas negras y verdes. En la frente dos cortes que no sanaban nunca daban forma a una cruz cristiana. La sangre de los cortes de frente y mejillas se mezclaban con su pintura dando a su cara el aspecto más macabro imaginable por un ser humano.
-¿Cual es su nombre?
-¡Yo… no tengo… noooombre! Jajajajajajajajajajajajjaja- aquel monstruo parecía disfrutar haciéndose el loco.
-Está bien, señor… Santo- comentó el comisario mientras se quitaba la chaqueta de su traje y la colgaba en el respaldo de su propia silla.
-Oh, gracias, que dios sea con usted- dijo aquel engendro sonriendo al comisario sinceramente- lo necesitará.
-¿Me está amenazando…?
Pero el comisario no terminó la frase. La puerta de la sala de interrogatorios se abrió de golpe y dos agentes, con la cara pintada del mismo modo que el Santo, entraron en la estancia. Llevaban los uniformes manchados de salpicaduras de sangre. Uno de ellos llevaba en su mano izquierda un machete ensangrentado y en la otra, al igual que el otro agente, un revolver que apuntaba a la cabeza del comisario.
-No…. No no no no no- Dijo el Santo levantándose de su silla. El comisario estaba paralizado- no le estaba amenazando en absoluuuuuuto. Le estaba deseando que dios esté con usted. Si hubiese sido más cortés no tendría que recurrir a ésto- El Santo se quitó las esposas como si de un mago se tratara, desenfundó la pistola del paralizado comisario y descargó dos disparos sobre la cabeza del rechoncho defensor de la ley.
-¿Qué hacemos con los que no están muertos el todo Santo?- preguntó sonriendo uno de los agentes. Pronto sus sesos decoraban la pared donde se encontraba la puerta entreabierta gracias a otro disparo del macabro hombre escapista.
-Os dije que los matarais a todos… ¡oye! Dijo girándose de pronto hacia el otro agente, el que llevaba el machete en la mano- ¡tú! Sí, sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí sí, TÚ, dejame un momento tu pistola.
-S… si jefe.. tenga…- el último agente tembló cuando su mano soltó el revolver entregándoselo completamente al Santo.
-No debiste temblar- dijo el santo con una sonrisa de oreja a oreja, lo que generó que sus cortes rezumaran aún más pus y sangre.
El tambor del revolver quedó sin balas, ahora estaban todas en el cuerpo del segundo agente.
-Volvamos a nuestros quehaceres- dijo el Santo mientras salía de la comisaría bailando y dando saltitos como los niños cuando juegan en el patio del colegio.

martes, 16 de agosto de 2011

Hoja recopilada número 1

Como se convocó a Sir Imraldir al Consejo


Imraldir desmontó de su caballo y a su lado el capitán de los batallones de caballeros hizo lo mismo. Avanzaron hacia la escalinata blanca que llevaba a las puertas de la muralla delgada que rodeaba el palacio. Allí fueron recibidos por los miembros del Consejo, algunos con alegría de ver al capitán de la guardia de Kirni vivo, otros con alegría de ver al Sir Imraldir y otros con caras que expresaban odio y preocupación. Los hombres que no sentían tranquilidad ni alegría por la llegada de Imraldir con los supervivientes de la guardia de la provincia noreste eran los que tanto despreciaba el capitán de la guardia de aquella provincia, los miembros del consejo que seguían e idolatraban al Canciller.
-Saludos- entonó entonces el Canciller con una voz que mostraba cierto desprecio y poderío- Sir Imraldir, es grata la sorpresa que recibimos al enterarnos que la guarnición que se mandó a Kirni fue arrasada por un contingente enemigo y vos os encargasteis de eliminar dicha amenaza.
Las palabras del Canciller estaban cargadas de ironía y de rencor hacia el soldado. Era cierto que se alegraba de que Imraldir hubiese desestimado las órdenes de ir a la frontera de Imkel pero, esa alegría quedaba teñida de un negro rencor ya que había sido él mismo el que denegó la proposición de Imraldir de enviar a su batallón o a más tropas para guarnecer la provincia del norte.
-Saludos Canciller- respondió Imraldir sin añadir nada más.
-Ha sido convocada una reunión del consejo en la que tanto vos, Sir Imraldir de Ettan, como vos, capitán Erling de Kaën, son convocados- dijo con una maliciosa sonrisa en los labios el Canciller.
Los miembros del consejo entonces flanquearon la puerta en dirección a palacio. Tras ellos el capitán que había perdido la batalla avanzó con paso dudoso e Imraldir lo acompañaba a su lado sin temor alguno pero con preocupación.