El oro que mecía en sinuosas siluetas de sombras,
las espigas que son pan de mi vida, pan de mi honra
que vive y muere cada día cuando el dulce viento lo mece.
El campo de oro, bajo el sol radiante que enloquece,
que nos llena de días y alegrías, amenizas incluso nuestra vida
dando pan a quien pide agua, das vida a quien pide muerte.
El susurro sinuoso, de tu silvido sensual y sentido,
de tu vivo corazón de caña, de tu espiga dorada,
te mueves con el viento de férreros tanques veloces,
que pasan por tu vera sin atender tus mil voces.
Si, yo te oigo, y el susurro que impones, sobre mis oidos desdichados,
sobre mi corazón escarchado, sobre mi alma encogida,
hacen latir con fuerza mi lengua sobre cuaderna vía.
Diole Triptolemo a Ceres tu arte y cordura sagrada,
tu afan por cuidar nuestro apetito de días bajo Apolo.
Sobre ti pasan bestias de acero que siegan tu vida marchita,
pero cuando te destruyen te transformas en el ansiado polvo de vida.
O espiga dorada que susurras bajo el viento,
o espiga de plata que juegas con migo en tu lecho,
cuentame de nuevo tu historia,
entierrame de nuevo en tu pecho.
las espigas que son pan de mi vida, pan de mi honra
que vive y muere cada día cuando el dulce viento lo mece.
El campo de oro, bajo el sol radiante que enloquece,
que nos llena de días y alegrías, amenizas incluso nuestra vida
dando pan a quien pide agua, das vida a quien pide muerte.
El susurro sinuoso, de tu silvido sensual y sentido,
de tu vivo corazón de caña, de tu espiga dorada,
te mueves con el viento de férreros tanques veloces,
que pasan por tu vera sin atender tus mil voces.
Si, yo te oigo, y el susurro que impones, sobre mis oidos desdichados,
sobre mi corazón escarchado, sobre mi alma encogida,
hacen latir con fuerza mi lengua sobre cuaderna vía.
Diole Triptolemo a Ceres tu arte y cordura sagrada,
tu afan por cuidar nuestro apetito de días bajo Apolo.
Sobre ti pasan bestias de acero que siegan tu vida marchita,
pero cuando te destruyen te transformas en el ansiado polvo de vida.
O espiga dorada que susurras bajo el viento,
o espiga de plata que juegas con migo en tu lecho,
cuentame de nuevo tu historia,
entierrame de nuevo en tu pecho.
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