viernes, 2 de septiembre de 2011

Pequeño fragmento de las Andanza de los Cinco


Un día cualquiera, en una taberna cualquiera de la mina-fortaleza de Kartiask, Kroin entró como cada día entraba en la misma taberna cuando había terminado la jornada en la joyería. Kroin era un enano, si, uno de esos seres de altura cerca de 130 cm pero que nunca pierden un pulso contra ningún hombre y son casi imposible de tumbar en un reto de beber cerveza. A decir verdad Kroin era un enano normal, con su fornido cuerpo, su larga y enmarañada melena castaña casi pelirroja y su larga barba con diversas trenzas anudadas con cintas rojas como marcaba la tradición de su clan. El enano se sentó en la barra y el tabernero lo saludó colocándole delante una buena jarra de cerveza y preguntándole qué tal le había ido el día. Kroin, como siempre, le comentó varias cosas del trabajo y el tabernero, un enano bastante rechoncho, mantuvo una breve conversación con el joyero hasta que fue llamado por una mesa de clientes, también enanos porque, la mina-fortaleza de Kartiask, era la joya de la corona del clan Tarok del pueblo de los enanos, o Eruk como se hacían llamar ellos.
A decir verdad la vida de Kroin era simple: trabajaba en la joyería de la familia como su padre antes que él y el padre de su padre antes que éste último y así hasta siete generaciones de enanos, vivía en la casa excavada en una de las galerías más concurridas de la mina y todas las tardes, cuando terminaba de trabajar, se dirigía a la taberna El Martillo para disfrutar de una buena cerveza acompañada de unas charlas con los otros enanos. Cuando hablamos de otros enanos no nos referimos a los amigos de Kroin, de hecho, Kroin no es que tuviera muchos amigos, montones de conocidos, de hecho, conocía a casi todas las familias de la mina, pero era un enano bastante reticente a forjar lazos fuertes con otros.
Nuestro enano apuraba los últimos tragos de su jarra de cerveza cuando extrajo de su bolsillo una pequeña bolsita de tabaco y su pipa de cedro tallada. En pocos minutos la posada estaba repleta de enanos fumando y bebiendo, riendo y cantando. Pronto aparecieron varios camareros más para poder atender a la multitud. El Martillo, era una taberna bastante concurrida, en especial por la ventilación mediante un túnel en el techo de la taberna-cueva, que hacía que el ambiente nunca fuera abrumador por el humo ni la muchedumbre. El tabernero pronto sirvió una segunda jarra de fría cerveza al enano mientras éste divagaba en los recuerdos de su juventud. De hecho, siempre que encendía la pipa le venían recuerdos de días más livianos donde no tenía que acomodarse en la monotonía, de hecho, no podía acomodarse en ella porque junto a otros cuatro enanos, había viajado a lo largo y ancho de las montañas blancas, incluso había hecho varios viajes al reino del clan Anrak, situado muy al oeste de las montañas Blancas.

1 comentario:

  1. esto, me tengo k cagar en tus muertos y malacordarme de toda tu familia, aunk me caigan bien?? XD

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